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Autor: DiarioChiloe.cl , 2 de marzo de 2021

Combate de Huite, la desconocida acción de guerra cerca de Quemchi

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Jorge Wood, al costado, ordenó disparar sobre la cubierta del Blanca y evitó el desembarco español en la playa de Huite, cerca se Tubildad.
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[#HistoriasDiarioSur] Ocurrió hace 155 años en el contexto de la Guerra Hispano Sudamericana, cuando dos buques de la Armada Española buscaban a la llamada “Armada invisible” de Chile y Perú.

Un 2 de marzo, pero de hace 155 años, se produjo en la isla de Chiloé una acción militar, dentro del contexto de la Guerra Hispano Sudamericana, conocida como el Combate de Huite o Acción de Tubildad, cerca de Quemchi, donde un grupo de 200 soldados del 4° Batallón Ancud evitaron el desembarco de marinos españoles que pretendían destruir las escuadras peruana y chilena que estaban fondeadas en la Ensenada de Huito, cerca de Calbuco.

En 1866 las acciones se producían en las costas chilenas, luego que un año antes Chile decidiera apoyar a Perú y Ecuador por una serie de incidentes con España y que amenazaban la soberanía de aquellos países, esto sumado a las malas gestiones de diplomacia entre ambos países que hicieron imposible evitar la guerra. El 26 de noviembre de 1865 la “Esmeralda” había capturado a la goleta española “Covadonga” en el combate de Papudo, hecho que provocó el suicidio del Vicealmirante José Manuel Pareja. El honor español estaba manchado y había que recuperarlo.

Las Armadas de Perú y Chile hicieron causa común y se instalaron cerca de Calbuco, en la isla de Abtao, donde el 7 de febrero de ese año sostuvieron un combate naval contra buques españoles el que no arrojó ningún resultado concreto por lo que los peninsulares retornaron a Valparaíso, donde estaban fondeados.

A los pocos días de ese verano de 1866 el Almirante español Casto Méndez Núñez decide regresar al sur a dar caza a la escuadra aliada con los buques Blanca, al mando de Juan Bautista Topete, y la Numancia, al mando del mismo Almirante.

Los aliados ya habían dejado el abrigo de la isla Abtao y se fueron un poco más al sur, a la Ensenada de Huito y cuya boca habían obstruido hundiendo un barco para evitar el ingreso de naves. El Almirante chileno Juan Williams Rebolledo y su oficialidad temían del poderío de fuego de la Numancia y creía que un combate a mar abierto sería fatal para los buques aliados, por eso pensó que lo más seguro era estar en Huito. Los jefes españoles no conocían la profundidad de la Ensenada de Huito y sospechaban que la había escogido precisamente porque no permitía la entrada de buques de 8 metros de calado, como la Numancia.

LLEGAN LOS ESPAÑOLES

El día 28 de febrero las fragatas españolas fondearon en Puerto Low,​ en la isla Gran Guaiteca del famoso archipiélago. Tras recibir carbón, ambos buques pusieron rumbo al norte, a Puerto Oscuro,​ en la isla Grande de Chiloé, cerca de Quemchi.

Aquella noche, mientras navegaban por el golfo de Corcovado, se levantó una densa niebla, que impidió que las naves se vean la una a la otra y fue necesario cada cierto tiempo disparar los cañones, encender bengalas o tocar las cornetas. Sobre las 5 de la mañana del 29 de febrero, Méndez Núñez calculó que debían estar cerca de los bajíos de las islas Desertores, por lo que ordenó parar las máquinas y esperar a que se despejara algo para continuar. A las 14.30, cuando por fin aclaró algo, descubrieron que las corrientes les habían arrastrado hacia el sur. A media tarde volvió a formarse la niebla. Alrededor de las 15 horas del 1 de marzo fondearon finalmente en las aguas de Puerto Oscuro.

En tierra los chilenos se prepararon para la eventualidad de un desembarco español. En el sector Huite, cerca de Tubildad, estaba el 4° Batallón Ancud, al mando del mayor Jorge Wood y secundado por los capitanes José María Bustamante y Ramón Prado que habían montado un pequeño campamento de unos 200 hombres en espera del desembarco español. Durante la madrugada del 2 de marzo, tomaron posiciones los grupos a cargo de cada capitán en varias partes del cerro desde donde se podía ver la Blanca.

EL CHILOTE LECTUMA

En el lado de los españoles, a las 3 de la madrugada, los marinos subieron a bordo a un anciano chilote, Mateo Lectuma, que los alertó de la presencia de tropas chilenas en la costa. Este encuentro fue muy particular, pues hace ver que el anciano y tal vez un buen grupo de habitantes de Chiloé, estaba a favor de los españoles y, en un diario de campaña un oficial lo describe como adepto al rey de España y con nostalgia de los días en que la isla dependía del Virreinato del Perú. Añade que hablaba de un antiguo rey de España -presumiblemente Fernando VII- y que le explicaron que ahora había una reina -Isabel II- éste habría exclamado al ver la foto de la reina “Dios la bendiga a la niña, que ya debe tener hijos a quienes Dios bendiga”. En el diario de campaña se añade “Yo creo que pocas bendiciones habrá recibido la reina tan sencillas i tan de corazón como las del chilote Mateo Lectuma, que así se llamaba. Lo mismo que piensa este piensan todos los naturales de Chiloé”.

Cabe recordar que apenas habían pasado 40 años desde que la República de Chile había invadido Chiloé en enero de 1826 por Ramón Freire y Jorge Beauchef.

INTENTO DE DESEMBARCO

Los hombres del mayor Wood tenían a la vista a la Blanca desde el cerro donde estaban apostados en Huite. El oficial dio orden de estar listos para abrir fuego apenas escucharan el toque de la diana llamando a la tripulación española a cubierta. El capitán Bustamante y sus hombres estaban en la cima del cerro, mientras que Wood y el capitán Prado se apostaron al pie del promontorio.

Cuando la tripulación española de la Blanca pasaba revista los chilenos abrieron fuego sobre cubierta. En total confusión los españoles despejaron la cubierta, bajaron los entrepuentes y abrieron fuego de defensa, lo cual era inútil, pues los chilenos tenían buenas posiciones y mejor campo visual.

La Numancia no pudo acercarse a ayudar a sus compañeros de la Blanca, pero sí enviaron botes para colaborar en la defensa y uno para que desembarcara en la playa y atacara a los francotiradores.

Ante el intenso fuego de fusilería, los botes de desembarco y de ayuda y los mismos buques retrocedieron, alejándose del cerro, por lo que el intento de desembarco fue un fracaso. Los buques españoles abrieron fuego de cañones y el mayor Wood ordenó romper las posiciones originales de sus tropas en el cerro y dispersarse en grupos al mando de los capitanes Bustamante y Prado para aprovechar el terreno.

Este combate duró alrededor de dos horas y aunque la Blanca y el Numancia lograron alejarse lo suficiente para hacer fuego sobre sus atacantes, de todas maneras éste fue ineficaz y los chilenos no sufrieron baja alguna más que algunos daños materiales sobre un pequeño cuartel que las tropas usaban en Huite y que estaba en reparación. Según partes oficiales de los españoles tampoco hubo bajas en sus filas y Casto Méndez Núñez ante la situación, ordenó la retirada de las naves hacia un fondeadero más seguro, cerca de Calbuco. Las tropas chilenas en documentos de la época señalan que sí infligieron daños y causaron numerosas bajas españolas.

El mayor Jorge Wood, defensor de huite, posteriormente sería héroe de la Guerra del Pacífico y caería en desgracia en la Guerra Civil de 1891 al apoyar al bando del presidente Balmaceda, por lo que fue encarcelado y dado de baja. El resto de sus días los dedicaría a la pintura, realizando varias acuarelas de los hechos bélicos de la Guerra del Pacífico.

“LA ARMADA INVISIBLE”

​Lo españoles se dirigieron a la isla Abtao, donde el 7 de febrero de 1866 ya habían atacado a la escuadra aliada, pero se dieron cuenta que peruanos y chilenos ya no estaban ahí. Decidieron fondear en la isla Tabón y contactaron con una embarcación de la zona que les informó de la posición de los buques chileno-peruanos, que estaban en el estero Huito y que lo habían bloqueado para que ningún barco los atacara. Con esa información Méndez Núñez decide no buscar a la escuadra y se retira a Valparaíso y en ese viaje capturan al vapor Paquete del Maule que trasladaba tropas chilenas. Hicieron 126 prisioneros.

Los buques aliados permanecieron ocultos en aguas chilotas durante toda la guerra y no salieron de su escondite, salvo las corbetas peruanas América y Unión, pero lo hicieron hacia el estrecho de Magallanes, en dirección opuesta a la que estaban los españoles. Por esta actitud la escuadra aliada se ganó el mote de “La Armada Invisible”.

Los españoles, en tanto, dejaron las aguas chilenas no sin antes tomar una dura venganza y bombardearon el puerto de Valparaíso en la mañana del 31 de marzo de 1866. “Más vale honra sin barcos que barcos sin honra”, espetó un enojado Casto Méndez Núñez antes de iniciar el bombardeo al mejor puerto chileno.

Posteriormente la guerra continuaría en aguas peruanas con el asalto al puerto de El Callao el 2 de mayo de 1866 y la escuadra española se retiró hacia las islas Filipinas con algunos navíos y otros por el Cabo de Hornos. Recién en 1871 la diplomacia hizo lo suyo para poner fin a las asperezas de una guerra anacrónica y de corte imperialista por parte de los españoles que, con los años, caería como potencia ante el auge de Estados Unidos, país con el que se enfrentaría en constantes guerras a fines del siglo XIX en Filipinas, Cuba y Puerto Rico.

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